viernes, 16 de noviembre de 2012

Sin ganas de escribir…

La verdad es que hoy amanecí sin muchas ganas de escribir. Creo que todos los que tenemos inclinación por hacer esto, en muchas ocasiones buscamos actualizarnos con la información, y deriva esto en la intención de redactar algo. Todas las mañanas al levantarme checo en los distintos portales lo más reciente en la noticia. Cuando no traigo algo específico para empezar a escribir, alguna nota mueve un poco a la inspiración. Que dicho sea de paso siempre es muy poca.
Y aparte de haber amanecido así, sin un gramo de propósitos de sentarme frente a mi Pentium 0, los portales como que no me motivaron mucho a escribir en esta ocasión. Hay ocasiones en que aburre estar viendo que en la mayoría de estos (incluyo el mío, por supuesto) prevalece la carga negativa en relación al comentario de la noticia. Siempre me ha mortificado la manera en que, con una facilidad inaudita, ofendemos a quien no esté de acuerdo en nuestra forma de ser y de pensar. Las redes sociales han contribuido bastante para eso también.
Leo tantas cosas. En estos momentos, por ejemplo, hay quienes fustigan (algunos de manera bastante grosera por cierto) a quienes autorizaron que Guaymas tuviera un presupuesto superior a los 300 millones de pesos para el próximo año. Hay quienes garantizan (sí, lo garantizan) que este es el “tiro de gracia” para Guaymas y que después de esto el acabóse del mundo en diciembre próximo nos vendrá “guango”. Lo hacen ver como la gran tragedia que, para los guaymenses, será la definitiva.
Yo no sé si Otto Claussen Iberri y la totalidad de los regidores (menos una) advirtieron que, con su aprobación para la Ley de Ingresos estaban marcando la pauta para que Guaymas se vaya al precipicio final. Yo no sé si con esto las desgracias llegarán una tras otra y durante 20 años no habrá una sola obra más y nos iremos directo al pozo. Así lo aseguran quienes dicen que es el peor error que pudo haber cometido una administración que apenas empieza. Total: me están pintando a un Claussen Iberri que, como alcalde, vendrá a convertirse en el asesino más sanguinario de nuestra ciudad y puerto.
O sea… no entiendo. Quizá los regidores y el alcalde debieron haber dejado en cero el presupuesto del año venidero. Olvidarnos de obra, de avances, de desarrollo, de todo. Porque dentro del cúmulo de críticas, algunas despiadadas por cierto, no veo que alguien hasta ahora haya hecho una sugerencia --de perdida-- para que alcalde y séquito hayan tomado una mejor decisión que esa. Y mire que ahora fueron prácticamente todos los regidores de todos los partidos los que decidieron apoyar la medida. ¿Será que nos gobiernan una bola de tontos?
Mejor le doy vuelta a la hoja y veo que Felipe Calderón Hinojosa está por entregar la Presidencia de la República, y mientras el señor sonríe, el resto de la República (así dicen sus críticos, que TODOS los mexicanos están en su contra… mmm… creo que yo no soy mexicano) asegura que fue el Presidente más sanguinario, cruel, desalmado, alcohólico, hijo de… lo que sea… que hemos tenido. O sea… este hombre, por lo que veo, no dio una. Y lo peor: al que viene ya lo están pintando con las mismas o peores características. O sea… ¿a dónde vas, México, con semejantes sátrapas (digo, por los comentarios, pues) en el gobierno?... Mejor no escribo nada tampoco sobre ese tema.
Crímenes, acusaciones de corrupción, maridos golpeadores, enfrentamientos… mejor hoy no escribo nada.
Buen día a todos.

martes, 13 de noviembre de 2012

Enemigos desconocidos...

En la charla entre amigos, coincidíamos en que en los tiempos actuales, en los que la delincuencia pulula por todas partes, ya no sabe uno si temerle más a los que se dedican a las malas prácticas o a quienes están encargados de prevenirlas y combatirlas… los policías, pues.

Hay razones para eso. Y de sobra. Cada una de las personas con las que uno platica tiene siempre algo qué contar respecto a un incidente que haya tenido con un agente policiaco. Y es común encontrarse con pláticas que refieren un actuar abusivo, prepotente y arbitrario de elementos responsables de garantizar la seguridad del ciudadano común.
En lo particular, platicaré de un hecho que me ocurrió --hace algún tiempo ya-- y aunque me arriesgo a que alguien me llame cobarde, seguramente entenderá cuales fueron las razones por las que hasta hoy me atrevo a escribir.
El caso es que circulábamos mi hermano Carlos y yo por la avenida 8, poco más delante de la calle 16, cuando observé una patrulla de la Policía Estatal Investigadora estacionada sobre el arroyo de circulación y en sentido contrario. El impulso periodístico (ese que en ocasiones tantos problemas causa) me llevó a sacar mi cámara y tomar la foto. Seguimos nuestro camino.
No habíamos avanzado mucho, y en pleno centro de la ciudad, fuimos alcanzados por los agentes estatales, quienes armas en mano, nos obligaron a detenernos y como demonios (así se veían, ni modo) descendieron en plan amenazante cuestionándonos el por qué habíamos tomado una foto y que de inmediato nos identificáramos. Yo hice lo propio con uno de ellos, le mostré mi credencial y además (casualmente traía uno en la mano) un ejemplar de Contraportada.
El otro se fue sobre mi hermano y en plan agresivo le exigió que le mostrara los papeles del carro y sus identificaciones personales. Se hizo una discusión que pudo haber terminado en eso, pero uno de ellos se comunicó con el jefe y este ordenó que fuéramos trasladados hasta las instalaciones de la PEI. Yo acepté porque consideré que una negativa frente a semejantes gorilas podría derivar en un hecho lamentable para nosotros, puesto que ese tipo de individuos están acostumbrados a eso y más.
Nos trasladamos a las oficinas de la PEI y ahí, en una actitud amenazante, encolerizado por la gráfica que se había tomado, el jefe hizo estas advertencias: “tu hermano es ciudadano americano porque trae un carro americano”… “interrumpiste un operativo que se estaba haciendo para detener a una persona” (el agente antes había dicho que había bajado a cambiarse de camisa)… y la amenaza más preocupante de todas: “tú no sabes lo que es echarte de enemigo a alguien como nosotros… ni te lo imaginas”. Esto último, lo confieso, fue lo que me desarmó.
Le contesté que efectivamente, yo no sabía lo que era tener un enemigo así, porque enemigos de esa desconocida naturaleza no los tengo. Y le respondí, sin ofrecerle disculpas, por supuesto, que dejara así las cosas, que la foto la desaparecería y que nos dejara en paz. Me lo aceptó en medio de su incontrolable coraje, pero me lo repitió antes de salir: “con nosotros no te metas”. Confieso de nuevo que durante varios días, traje la sensación de que estaba bajo estricta vigilancia de esta gente.
¿Por qué no denuncié? ¿Por qué no lo publiqué? Por la simple y sencilla razón de que, en efecto, me estaba enfrentando a enemigos desconocidos. Hay que recordar que regularmente, agentes estatales acusan a la gente de “desconocida” cuando los verdaderos desconocidos son ellos. En medio del enojo que me invadía por la prepotente actitud del jefe policiaco, recordé los rostros de mis hijos y de todos mis seres queridos. Y no quise enfrentarlos a ellos a una situación cuyas consecuencias no quiero ni imaginarme.
Por desgracia, ese es el nivel de elementos policiacos que tenemos en este Nuevo Sonora. Bajo el pretexto de una lucha contra el crimen organizado, los abusos policiacos se han multiplicado, y lo que es peor, en contra de gente pacífica, de gente que nada tiene que ver con las prácticas reñidas con la ley.
Vaya usted a saber cuántas personas han sido encarceladas (en el MEJOR de los casos) por haberse querido enfrentar a quienes amenazan con “tú no sabes lo que es tener un enemigo como nosotros”.
Y en la conversación de amigos, regularmente se llega siempre a la misma conclusión: cuando un policía llegue en plan agresivo ante ti, dile que sí a todo. Una reservada negativa o un tímido reproche de tu parte te puede convertir en futuro habitante de un Cereso.

lunes, 12 de noviembre de 2012

De panistas, priístas y delincuentes...

Mucho que comentar después del pasado fin de semana. Es que, como dicen por ahí, “hubo de todo… como en botica”. Lástima que no estoy actualmente en mi programa de radio como para darle unos 20 minutos a cada tema, pero vamos a tratar de sintetizar aquí lo que, a juicio muy particular, fue lo más relevante.

Ayer domingo, casi toda la mañana, anduve por Bellas Artes, en cuyo salón de eventos se llevó a cabo la ceremonia de toma de protesta de Omar Núñez Caravantes como nuevo dirigente del PAN en Guaymas, quien por cierto emitió un discurso muy emotivo, convocando con firmeza al gremio panista a sumarse en unidad a un trabajo a través del cual se pretende recuperar el poder municipal en Guaymas. Omar habla de trabajar directamente con la comunidad para fincar el futuro electoral del blanquiazul tras las dolorosas derrotas de este año.
Tras pedir a todos cerrar filas en torno al nuevo liderazgo panista, hizo una reflexión que puso a pensar a muchos: “en estos momentos no tenemos diputado local, no tenemos diputado federal ni tenemos alcalde”, esto frente a un César Adrián Lizárraga Hernández que, dicho sea de paso, se la pasó mandando mensajes por celular a lo largo de la convención de Acción Nacional. Comentan que César fue el “artífice” de la abrumadora derrota del panista en esta región.
Bien por Omar, que tiene en sus manos una buena oportunidad para ver si realmente ya aprendió a hacer política. En lo particular, reitero que es una persona de excelente imagen en Guaymas, que ha desarrollado mucho y que puede llegar todavía más lejos. A Omar le veo un futuro como candidato a algún puesto de elección popular, y de seguir con la imagen actual, con muchas posibilidades de regresar al PAN al sendero del triunfo.
Sin embargo, pidió el asesoramiento de Lizárraga Hernández para llevar adelante su dirigencia. Aunque también lo hizo con Mónica Marín Martínez y Bernardino Cruz Rivas, ex alcaldes panistas ahí presentes (por cierto, ¿y Felipe Rivadeneyra Ysauri no fue convocado para el evento?), lo cierto es que la posición en la que se encuentra César no es precisamente la mejor en estos momentos ante la opinión pública. Él sabrá por qué lo hace.
Lo que sí me queda claro es que el PAN está dispuesto a proteger hasta a costa de su misma vida política al ex alcalde que empieza a pasar a la historia como uno de los peores que haya tenido Guaymas. Esto me lo confirmó Adrián Espinoza Espinoza, Secretario General del PAN en Sonora, cuando en entrevista le cuestioné sobre el pendiente que sobre alumbrado público quedó aquí, y me respondió molesto “¿porqué se fijan en lo malo y no en lo bueno que se hizo?”
Quizá para Adrián 45 millones de pesos tirados a la basura no tienen gran importancia, sobre todo cuando al ex alcalde lo van a premiar con un cargo en el Gobierno del Estado, el que por cierto aún no está definido, según me lo dijo el propio César durante la entrevista que le hice también, en la que respondió trastabillante y nervioso cuando le pregunté que si se siente satisfecho de la imagen que tiene en estos momentos ante la opinión pública. “Eso es relativo… hay unos que están de acuerdo con mi trabajo y otros no”, respondió nervioso.
No puedo decir el nombre de los panistas que me lo comentaron, porque tampoco voy a motivar a los problemas en un partido político, pero ahí mismo hubo quien me dijo que “mal que Omar haya elogiado a gente que en estos momentos está siendo tan duramente cuestionada por el trabajo que se hizo en la administración”. Ni modo, son parte de la militancia panista, pero no están conformes con lo que pasó.
Con respecto a las luminarias, César sólo atinó a responderme cuando le pregunté que si qué había pasado con eso. “Cuando yo entregué la Presidencia Municipal todo estaba muy bien. Guaymas estaba bien iluminado. Después de eso no sé qué pasó”, respondió inseguro.
Comentario final: creo que hay gente de mucha calidad dentro del panismo a la que no se le tomó en cuenta. Suena un tanto ilógico que se hayan esmerado en arropar a quienes hoy están en el “ojo del huracán” y a esa otra gente simplemente la hayan ignorado. Pero en fin. Es problema del panista guaymense.
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Quisiera poder entender lo que pasa al interior del Ayuntamiento de Guaymas. No quisiera pensar que empiezan a trastabillar y a cometer errores que podrían después afectar seriamente a los guaymenses en su conjunto. Quiero mejor pensar positivamente y creer que esos 360 millones de pesos que se van a solicitar como crédito para el Municipio están bien razonados y que vendrán realmente a servir para sacar “al buey de la barranca”.
Sólo una regidora, según tengo entendido, negó el voto para apoyar la solicitud de crédito. Los demás, todos, respaldaron la propuesta. Ojalá que la abrumadora mayoría tenga la razón, que semejante dineral sirva realmente para empezar a amortizar la grave deuda que tiene el Municipio y se reactive el desarrollo de obra pública y otros rubros que se consideraron para hacer este próximo planteamiento al Congreso del Estado, y que finalmente no quedemos más “encharcados” de cómo estamos ahora.
Si el asunto no se analizó a conciencia, estaríamos hablando de una irresponsabilidad brutal del Ayuntamiento en su conjunto. Pero si están seguros de que esto realmente servirá para que Guaymas se recupere, pues les daremos el voto de confianza.
Ojalá todo salga bien.
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Hace apenas unos días, una noticia trascendió en nuestra ciudad: las autoridades detuvieron a un grupo de guaymenses y otros más fueron abatidos a tiros en el Estado de Nuevo León. Uno de los detenidos es un conocido taxista de la localidad y otro al parecer un desertor del Ejército. Están presuntamente involucrados con el crimen organizado. Y el pasado fin de semana, cuatro jóvenes fueron capturados por la policía por ser presuntos integrantes de una banda de ladrones de vehículos.
Si a eso le aunamos que en las calles se ha vuelto común ver a muchachos deambulando como zombis por el excesivo consumo de drogas, inclusive algunos de ellos estudiantes uniformados y más, entonces no entiendo por qué ninguna autoridad convoca a la alerta: andamos bastante mal en ese aspecto… cuidado!

jueves, 8 de noviembre de 2012

César operó en contra de don Manuel


La versión llegó de una fuente muy confiable, de tal forma que debía ser atendida. Se manejó --me dice-- de una forma muy discreta en el curso de la campaña, y no trascendió más porque en la coordinación de la misma se buscó la forma de ocultarlo. Sin embargo, hay quien se atreve a manejarlo como una realidad: durante las tareas de proselitismo, César Adrián Lizárraga Hernández operó con gente del PRI para la derrota electoral de Manuel Aguilar Juárez, a cambio de recibir el apoyo para ganar la diputación local.
Podría esto no estar tan alejado de la realidad, si nos ponemos a recordar que a Lizárraga Hernández se le relacionó demasiado con gente muy bien identificada dentro del tricolor durante su campaña en busca de la alcaldía hace poco más de tres años. El mismo Carlos Alberto Zaragoza Decima “El Cacho” dejó entrever en su momento, tras la derrota, que había sido cruelmente traicionado por gente de su mismo partido para favorecer al hoy tristemente célebre ex Presidente Municipal y recién derrotado candidato a legislador local.
La necia insistencia de Lizárraga Hernández por ganarle a José Luis Marcos León Perea la diputación local en base a turbias negociaciones y más mañosadas no fue consecuencia de un capricho nada más. El ex alcalde estuvo reprochando airadamente a los priístas aliados que le hayan dado la espalda cuando él ya había cumplido su parte de que Aguilar Juárez cayera abatido en las urnas electorales.
Finalmente las cosas no le salieron al mal recordado ex alcalde guaymense, quien ahora pretende arroparse bajo el manto protector del Gobierno del Estado, desde donde se ha dicho que “gente así reúne el perfil para ser parte de la administración pública estatal”… ufff!!
A César se le va a seguir recordando buen tiempo en Guaymas, pero no para bien. La crisis económica que hoy trae vuelto loco de desesperación al actual Munícipe Otto Guillermo Claussen Iberri es consecuencia también de los malos manejos que del recurso municipal hizo el ambicioso constructor. Lo peor de todo esto es que, como se estila, vamos en camino de que la impunidad surja de nuevo y se quede todo tranquilo. Es más, no creo que a Héctor Hernández García, Contralor del Municipio, le permitan darle curso a un proceso de inhabilitación. Se quedará con las ganas de saciar su sed de venganza.
Así las cosas, queda claro con esto, una vez más, que entre priístas y panistas sí se pueden dar los convenios más sucios posibles. Sólo que a veces las cosas no les salen del todo bien.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Son delincuentes… ¿y?

Esta mañana, el alcalde Otto Claussen Iberri se presentó ante los diversos sectores de la comunidad, para, ya de una manera más oficial, repetir lo que desde que asumió las riendas del Municipio viene asegurando: Guaymas está en la ruina total.
Habló buen rato. Dijo que los panistas que concluyeron la pasada administración le dejaron un desorden financiero por el orden de los 200 millones de pesos, y enumeró una a una muchas de las irregularidades que se encontraron en la mayoría de las dependencias municipales. El caos de la Comuna es el estado natural después de las trapacerías --dijo-- que se cometieron en ese período.
Ahí estuvieron para escuchar su letanía el diputado local Marcos León Perea, el comandante de la IV Zona Naval Militar Arturo Bernal Carrazco, sus funcionarios, regidores y un largo etcétera. Y tras arremeter duro con los señalamientos (literalmente dijo que los que se fueron son unos delincuentes), dijo, sin meterse a detalles, que se buscará emprender acciones de rescate para tratar de resarcir el daño hecho.
Habló de una reducción hasta de un 20 por ciento en la nómina del Municipio, un programa de austeridad administrativa al parejo de la búsqueda de ingresos, incluyendo la de una línea de crédito porque de momento todas están canceladas. En términos generales, dijo que se van a reducir todos los gastos del Ayuntamiento.
Pues… todo podría estar muy bien. En sí, se me hizo demasiado aparatoso el evento para lo que Otto tenía que decir, puesto que sin hacer tanta alharaca, pudo haberse llevado a cabo a través de los diferentes medios de comunicación. Pero bueno, a alguien se le ocurrió que podría provocar más impacto si se hacía de esa forma, y además, a las 7 de la mañana, cuando la modorra aún no desaparece en muchos.
Sólo que el evento en sí creo que resulta ser un arma de doble filo para el Munícipe. Por un lado podríamos entender cuáles serán las razones de la anunciada ineficacia en el suministro de los servicios públicos (se pone le huarache, pues), pero por otro lado, exhibidos ya los panistas como delincuentes, si no recurre a los procedimientos legales para meterlos a la cárcel, el alcalde guaymense quedará como cómplice de ellos. Así las cosas.
Asegura haber descubierto muchas operaciones ilícitas dentro del proceso de entrega-recepción, y que tras profundas investigaciones se llegó a conclusiones concretas: se deben cerca de 200 millones de pesos. Pero en medio de todo eso, hay operaciones muy raras que evidencian los delitos cometidos. O sea, dijo que robaron, para terminar pronto. Y el que roba es delincuente. Y el delincuente tiene que estar en la cárcel.
Y si el alcalde no procede contra quienes le dejaron semejante broncón, entonces el Munícipe sería un aliado de aquellos que pretenden evadir, de acuerdo a lo que él expuso, la acción de la justicia.
Hasta la fecha, soy de los que sigue sosteniendo que Manuel Aguilar Juárez perdió la disputa electoral por la alcaldía por causas ajenas a su voluntad. Convencido estoy de que este señor hubiera hecho un excelente trabajo como alcalde, por las razones que usted le quiera sumar: sus buenas relaciones con el Gobierno del Estado, su constante apoyo (casi siempre de manera anónima) a distintas causas sociales y una serie de cuestiones que sería largo enumerar. Pero bueno… el hubiera no existe, dicen por ahí.

Don Manuel perdió por culpa de los panistas. Y los panistas van a seguir perdiendo por culpa de ellos mismo. Los panistas quisieron solapar la desmedida ambición corrupta de César Adrián Lizárraga Hernández protegiéndolo incluso por encima del entonces candidato a Presidente Municipal, y en ese absurdo afán llevaron a la derrota a quien comúnmente es el aspirante sobre quien se ofrece mayor protección electoral.
César Lizárraga.
Sabedores todos de las prácticas corruptas que distinguieron el paso de Lizárraga Hernández por la administración pública, le siguieron su juego perverso, siendo muy pocos, unos cuantos nada más, los que se atrevieron a “abrirse de capa” y reprobar la pésima actuación que como alcalde tuvo. La mayoría, se decidieron por apoyarlo abiertamente en la campaña y descuidaron aspectos fundamentales para concentrar más apoyo en la tarea electoral por la Presidencia Municipal. Las consecuencias de sus errores fueron desastrosas. No ganaron nada en el distrito.
Y aún cuando la sombra de Lizárraga Hernández hundió literalmente a todos, siguen confiando en una persona que lo que menos inspira es precisamente confianza. Prueba de ello que la reunión que sostuvo Manuel Villegas Rodríguez, Jefe de Oficina de la Secretaría de Gobierno en Sonora, con un grupo de panistas para “convocarlos” a reagruparse, unirse y trabajar “hombro con hombro”, se realizó precisamente en la casa de uno de los alcaldes más corruptos de los que se tenga memoria, el hoy tristemente célebre César Adrián, el mismo al que los panistas quieren premiarlo con un cargo en el Gobierno del Estado. ¿¿Cómo es eso??
Manuel Villegas.
La ciudadanía está muy agraviada por la dirección que Lizárraga Hernández dio a la administración pública. Hoy la ciudad está literalmente en tinieblas cuando este invirtió (¿?) alrededor de 45 millones de pesos en alumbrado público. La falta de mantenimiento en las calles se evidencia con el estado desastroso en que se encuentran, y se pavimentaron calles que le dejaron fuertes ingresos en lo personal. ¿Se puede entender? Se habla de propiedades con costos millonarios, mientras la lista de acreedores se incrementó de manera impresionante. Un período de gobierno municipal que se caracterizó por el cinismo y la corrupción.
A mí no me queda duda alguna de que Omar Núñez Caravantes es un hombre bien intencionado. Ha aprendido mucho, ha desarrollado más en lo político y en el servicio público. Es un buen elemento de lo poco que queda rescatable dentro del PAN. Pero creo que haber permitido que la reunión se hiciera en la casa del corrupto ex alcalde fue un inicio desafortunado. Se da a entender que contará con el apoyo de quien ya se siente arropado por las cúpulas del poder en Sonora, aún con la negra historia que lo caracteriza ante los guaymenses.
De tal forma que, para que Núñez Caravantes pueda empezar una tarea de reestructura en el albiazul, es de elemental importancia que se sacuda influencia tan negativa y empiece a trabajar en base a principios políticos personales, que sé que los tiene. Porque de otra forma, con ese tipo de apoyos, las cosas serán muy difíciles para él.
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El día 13 del mes en curso, Javier Millán Vázquez será sometido a doble intervención quirúrgica. Una de ellas es con la aguja de radiofrecuencia magnética para “quemar” un tumor, y la otra, algo delicado también, la aplicación a través de la arteria partiendo de la ingle, de partículas de platino y quimio para embolsar la parte del hígado dañada.
Ambas son muy riesgosas, pero llama la atención el optimismo con que Javier asume el reto, confiando en que la mano de Dios será la que guíe la de los médicos que lo someterán a tan delicado procedimiento.
¡Suerte, Millán!

martes, 30 de octubre de 2012

Las odiosas diferencias...

No es cuestión de malinchismos ni nada por el estilo. Simple y llanamente tenemos que aceptar que, como sociedad, seguimos con un retraso muy marcado en comparación con otros países, y para no ir tan lejos, con los Estados Unidos.

Los viajes a la Unión Americana provocan dos efectos: ilustran y dan envidia. Ilustran, porque aparte de que vas y conoces otras culturas, te das cuenta de que en realidad no es ciencia ficción considerar la posibilidad de aplicar la Ley, las normas y reglamentos que rigen en ciudades, municipios y estados. Y da envidia porque nosotros, teniendo principios legales que podrían llevarnos a ser mejores como sociedad, vivimos aferrados a ignorarlos.
Hacer comparaciones es odioso. Pero… ¿cómo no hacerlas cuando apenas cruzando la frontera te encuentras con una realidad que te golpea en la frente? Es increíble cómo a unos metros de la línea divisoria con los Estados Unidos, ya te encuentras con personas que con mirada inquisidora, empiezan a pedirte dinero como si tuvieras la absoluta obligación de entregárselos.
En EUA es darte un ticket (aplicar una multa) por conducir sin el cinturón de seguridad. Inclusive los pasajeros (copiloto y de los asientos posteriores) son sancionados si no llevan colocado su cinturón. Aquí, a unos días de haberse aplicado (no me explico esto, puesto que ya hace tiempo que está ordenado en el reglamento municipal) la obligación de colocarse el cinturón, de diez personas que manejamos solo una lo lleva puesto, y porque ya tiene la costumbre de hacerlo. Los demás, nos pitorreamos de Tránsito Municipal.
Allá la gente debe cruzar por las áreas indicadas, y si una persona lo hace indebidamente, un policía le levanta la correspondiente boleta. Aquí, se colocó un indicador en la avenida Serdán, entre calles 19 y 20, prohibiendo el cruce peatonal. Eso bastó para que ahora sea más la gente que se atraviesa y que inclusive casi se llevando de paso el indicador de marras. Los agentes de Tránsito se declararon derrotados y optaron por ya no decirle nada a los maleducados transeúntes, quienes no pocas veces les mentaron la madre por llamarles la atención.
Al otro lado de nuestra frontera, la dirección escolar se comunica de inmediato a la casa del alumno que no asistió a clases, preguntan cuáles son las razones de su inasistencia, y si es por desatención de los padres, éstos van a la corte acusados por el maestro(a) por la irresponsabilidad mostrada. Aquí, pobre del maestro que se atreva a hacer alguna advertencia a un padre sobre el comportamiento de su hijo. Si bien le va, de una maltratada no se salva. Hay otros que los exhiben en las estaciones de radio y hasta los golpean. La educación de los hijos pasa entonces a estar en manos de nadie.
Un agente policiaco, en Estados Unidos, gana un mínimo de hasta 3 mil dólares al mes (unos 35 mil pesos mexicanos), con preparación precisa y suficiente para discernir entre un ciudadano pacífico y un delincuente. Los niveles de corrupción son mínimos. En México, un policía gana hasta menos de 3 mil pesos mensuales, y su única preparación es el a veces muy limitado criterio que lo lleva a agarrar a punta de garrotazos a alguien que se le “afiguró” que podría ser delincuente. La corrupción policiaca aquí llega a niveles extremadamente impresionantes, además de descarados. El dinero que ganan los obliga a “bajar” a quien se le ponga enfrente, y aunque no es una justificación, puede hasta llegar a ser razonable. Ni modo, así es.
Le repito: hacer comparaciones es absolutamente odioso. Pero es que da tristeza, impotencia y coraje, darnos cuenta de que, teniendo en nuestras normas públicas todo para comportarnos quizá hasta mejor que los estadounidenses, sigamos siendo un pueblo ignorante, inculto e irracional, que en ocasiones (en ocasiones, dije) vemos la correcta aplicación de la Ley como una agresión impositiva y abusiva, y corremos a las mal llamadas “comisión de derechos humanos” para exigir, paradójicamente, un justo castigo en contra del policía que osó hacer abuso de autoridad, aún cuando aquel haya hecho lo correcto.
Ahorita una mentada de madre a un elementos policiaco es cosa común. Y aunque muchos de ellos en ocasiones se lo merecen (total, son parte del pueblo inculto también), si tú o yo le faltamos al respeto a un policía “gringo”, te sale barato si sólo te llevan detenido y te presentan ante la corte aplicándote una sanción. Allá los policías no se andan con contemplaciones cuando se trata de imponerse ante quien altera el orden.
En fin, no quiero pecar de malinchista (cuántos lo estarán pensando así ya), pero repito que me da congoja darme cuenta de que no podemos avanzar porque seguimos aferrado a un sistema de vida que, lejos de permitirnos avanzar, cada día nos lleva más en retroceso.
De todas formas, que tenga buen día.

miércoles, 24 de octubre de 2012

A buscar soluciones…

La situación que actualmente se vive al interior del Ayuntamiento de Guaymas como consecuencia del recorte de personal, no es exclusivo de la presente administración. Cada tres años, en mayor o menor proporción, el alcalde en turno enfrenta una situación similar. La gente que se incluye en la lista de suspendidos se convierte, regularmente, en un dolor de cabeza para quien va empezando a gobernar el municipio.
La situación actual, vista fríamente, otorga la razón a ambas partes: por un lado está la gente que, de acuerdo a lo que marca la ley que ampara al trabajador, están exigiendo algo precisamente muy legítimo. Si hay un despido injustificado, un recorte de personal o como quiera manejarse la suspensión de labores, la autoridad está en la obligación de liquidarlos. Y liquidarlos bien.
Y por otro lado, al alcalde Otto Guillermo Claussen Iberri también lo ampara la razón, al manifestar que resulta insostenible ya para el Ayuntamiento mantener una planta laboral que implica una erogación mensual de más de 10 millones de pesos, esto para un Municipio que observa unas finanzas miserables, consecuencia principalmente, dicen, del pésimo manejo que de los recursos hizo el ex alcalde César Adrián Lizárraga Hernández.
Otto Claussen.
El tema del ingreso de nuevas personas a los cargos que se están desocupando es un asunto del cual platicaremos aparte. Cada nuevo administrador del Municipio lo hace al llegar. Dejan sin trabajo a muchas personas (sobre todo cuando son de partidos políticos distintos) para acomodar a quienes ayudaron en campaña. Es el mismo problema cada tres años.
Pero retomando el asunto original, creo que es urgentemente necesario que, dentro del Ayuntamiento (y de los ayuntamientos en general), los regidores analicen su verdadera participación como parte de un ente que tiene también manejo legislativo. Quizá un servidor peque de ignorante en materia jurídica, pero siento que la cuestión laboral dentro del gobierno debiera verse de una forma distinta a como se maneja para el sector empresarial.
Hoy existe la advertencia (insisto, totalmente legítima) por parte de los trabajadores despedidos, de recurrir a la demanda laboral para sacarle el Ayuntamiento lo que ellos consideran una liquidación totalmente justa. Al aviso de que las arcas del Municipio están vacías, ellos responden con algo que es normal en este caso: “es problema de ellos. Ellos sabrán cómo le hacen para pagarme mi liquidación”. Es decir, “a mí me vale si hay dinero o no en la Tesorería… a mí me pagan…”
Y mientras la relación se siga manejando como obrero-patronal regida por la LFT, todos los municipios seguirán teniendo el mismo problema, hasta que llegue el momento en que a alguien se le ocurra darle al empleo gubernamental un manejo totalmente diferente, porque en el caso que nos ocupa, estamos hablando de que las contribuciones que el pueblo hace para tener beneficios colectivos se utilizan finalmente para pagar sueldos.
Los habitantes de una Nación deben contribuir al sostenimiento del gobierno en una proporción lo más cercana posible a sus capacidades económicas. En ocasiones esto implica un sacrificio, pero la iniciativa de los impuestos, partiendo de su creación desde los tiempos del imperio romano, indicaba que esto era para que el gobierno pueda corresponder a quien contribuya con la creación de obras de beneficio colectivo. Hoy el sacrificio de muchos representa el beneficio de unos cuantos.
En cada Municipio debiera irse preparando la presentación de iniciativas para darle un cambio radical al manejo de los dineros públicos. Es absurdo, aún cuando la Ley Federal de Trabajo busque proteger al obrero, que el dinero del ciudadano común tenga un uso distinto para el que es aportado. Y aportado de una manera obligatoria. El contribuyente no tiene por qué pagar las consecuencias de cuestiones laborales que no le competen. Sólo quiere que haya el dinero suficiente para tener calles en buen estado y alumbrado público, entre muchísimas otras cosas más en que se debiera aplicar su impuesto.
Un manejo distinto, pues, al empleo en el gobierno, que al se da al trabajador de una maquila, una tienda de autoservicio o una humilde mercería. En las empresas el dinero es para un dueño. En el gobierno el dinero debiera ser para el contribuyente, y es el que menos recibe una correspondencia a su cumplimiento fiscal.
En fin.

lunes, 22 de octubre de 2012

Lizárraga, Padrés y Claussen…

¿Qué hay realmente detrás del ingreso de César Adrián Lizárraga Hernández a la estructura del Gobierno del Estado y de las excesivas muestras de apoyo declaradas días atrás por el Gobernador Guillermo Padrés Elías para Otto Guillermo Claussen Iberri en su papel de alcalde de Guaymas?
Siempre he dicho que entenderle a la política es lo más difícil, sobre todo cuando las evidencias indican una cosa y los hechos sorprendentemente son distintos. Políticamente, a Padrés Elías debiera no convenirle la presencia del ex alcalde en la fila de sus colaboradores, puesto que Lizárraga Hernández está ubicado en estos momentos como uno de los peores jefes que haya tenido el Municipio a lo largo de su historia.
Acusaciones extremadamente delicadas pesan sobre su imagen, entre éstas la inversión millonaria que se hizo para un oscuro proyecto de iluminación para Guaymas, que observa hoy en día una penumbra impresionante por la falta de focos para el alumbrado público. También la adquisición de un terreno a costo millonario puesto a nombre de un pariente muy cercano, y las inversiones que en materia de obra pública se desarrollaron en las que el ex alcalde se vio directamente beneficiado en lo económico.
La imagen de Lizárraga Hernández hoy en día está por los suelos, de ahí que resulte desagradablemente impactante para los guaymenses que el Gobierno del Estado haya decidido arroparlo, cuando una parte importante de la opinión pública exige una profunda investigación sobre el manejo que hizo de los recursos públicos durante su mandato municipal. No falta quien advierta que esto es como una especie de reto a los guaymenses en apoyo a alguien que ni siquiera supo cómo manejarse para cumplir el compromiso de ganar la diputación local que le habían literalmente asignado. Se suponía que la derrota (merecidamente ganada) era más que suficiente para hacerlo a un lado.
Y por otra parte, llama poderosamente la atención la postura asumida por el mandatario estatal durante su reciente visita a Guaymas, donde dijo que el actual alcalde contará con todo el respaldo del Gobierno sonorense para salir adelante de la espantosa crisis financiera que enfrenta, consecuencia también , en parte, del trabajo de Lizárraga Hernández. Dicen algunos que hasta el mismo Otto se sorprendió cuando recibió las muestras de apoyo del gobernador de origen panista para su administración priísta.
Algunos observadores dicen que era una actitud que tenía que mostrar el Gobernador Padrés Elías para buscar una imagen positiva ante la opinión pública local y tratar así de enmendar un poco la lesión política que sufre con el ingreso de César Adrián al gabinete estatal, pero que las diferencias se observan claramente cuando en las fotografías, Otto Guillermo nunca apareció al lado del Ejecutivo sonorense.
Es obvio pensar que si Lizárraga Hernández llega a un cargo público y el Gobierno del Estado apoya a la administración “claussenista”, será punto menos que imposible que se puedan iniciar investigaciones y mucho menos fincar responsabilidades al primero por lo que haya hecho al frente del Municipio. Simple y sencillamente, son acuerdos no tan en lo oscurito que impedirán que un gobierno de origen tricolor pueda marcar la pauta para que se empiece a castigar a quienes abusaron de su trabajo para perjudicar a miles de ciudadanos.
O sea, como se dice en el lenguaje callejero… a’i muere!
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Tranquilo, relajado, sonriente. Así vimos al doctor José Luis Marcos León Perea, actual diputado local del distrito que encabeza Guaymas, durante la conferencia de prensa que ofreció el sábado por la mañana, en la que aprovechó para reconocer a algunos médicos y profesionistas involucrados en la salud que le han ofrecido su apoyo a lo largo de su trabajo público.
Después de los inquietantes momentos que vivió León Perea cuando César Adrián Lizárraga Hernández pretendía escamotearle la victoria legítima que obtuvo en las urnas, la tranquilidad ha vuelto y se apresta a cumplir de nuevo con su compromiso de servir a los guaymenses desde su espacio en el Congreso del Estado.

jueves, 18 de octubre de 2012

Otto y su desmadre…

Viéndolo bien, no me parece tan descabellado lo que hizo Otto Guillermo Claussen Iberri, Alcalde de Guaymas, en el programa de Águeda Úrsula Barojas Ontiveros. El Presidente de este Municipio dijo que las finanzas son un desmadre. Así, de manera explícita y sin retractarse de lo que la hábil comentarista radiofónica quiso aclarar, el edil expuso en términos generales la situación financiera de nuestra Comuna.
Quizá el rector municipal no quiso entrar en largas y quizá inentendibles explicaciones sobre lo que realmente está pasando al interior del manejo de los recursos de Guaymas, y lo dijo de una manera clara y contundente: las finanzas en Guaymas son un desmadre. Y de paso, culpó a la administración de César Adrián Lizárraga Hernández de todo el desbarajuste que hay todavía en la Tesorería Municipal, donde todavía no hallan cómo hacer para recomponer todo lo que “el orgullo del CET del Mar” provocó.
Lo cierto es que ese desmadre mantiene a la planta laboral del Ayuntamiento en un hilo. El tesoro (?) municipal no alcanzó para cubrir los sueldos en la más reciente quincena, y si a eso le aunamos las diferencias políticas que ideológicamente mantienen de espaldas al Gobierno Estatal y a Guaymas, no se advierte de momento cuál será la solución para resolver los problemas que existen y los que están por llegar.
Porque es de suponerse que a Claussen Iberri le van a retener, lo más que se pueda, los recursos que por derecho corresponden a los guaymenses. La política en México permite esas y más atrocidades cuando se trata de perjudicar a los contrarios, aún cuando ello implique hacerle un desmadre (digo, ya entramos en el tema) a los ciudadanos. Los intereses políticos siempre van a estar por encima del bienestar colectivo. Eso es regla en la política de nuestro país.
¿Qué hacer ante semejante asunto? En lo particular, creo que a Claussen Iberri sólo lo ampara una esperanza: el arribo de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República a partir del 1 de Diciembre. Y como todavía hay que esperar al acomodo y a las brutales medidas burocráticas que jamás pudieron desaparecer, creo que el primero año del hoy Munícipe va a estar bastante complicado.
Hay que recurrir a la súplica hacia el contribuyente por lo pronto. No queda de otra. ¿Es válido? Por supuesto que sí. El Municipio se alimenta financieramente de los impuestos que se reciben de la comunidad. Y si no se cuenta con recursos hay que incentivar, como se pueda, el pago de las contribuciones.
Y hay que incentivarlo de tal manera que la gente se sienta motivada a cubrir ese compromiso, porque si no hay respuesta, el desmadre podría ser peor.
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ANOCHE platiqué largo y tendido con un excelente amigo, el señor Ciro Sánchez. Los dos coincidíamos en que, desde hace muchos años, Guaymas carece de un liderazgo capaz de hacer despertar de su letargo a los guaymenses, de tal forma, que la ciudadanía realmente poco participa en la búsqueda de soluciones a nuestros problemas, pero participa más en la práctica más vulgar que conozco: el chisme.
Tocamos varios nombres. El de Florentino López Tapia por ejemplo, aquel viejo cacique pesquero a quien le endilgaron todos los problemas habidos y por haber. Lo ubicaron como el peor alcalde que ha tenido Guaymas, el más abusivo dirigente pesquero y mil cosas más.
Cuando la época de la bonanza derivada de la extracción del camarón, no había pescador (incluyendo hasta los “pavos”) que no trajera su buen carro para llegar a su propia casa. Y todo fue bajo la férrea mano de “Don Flor”, hasta que el gobierno federal de Carlos Salinas de Gortari se hartó del poder que tenía y lo aniquilaron. A partir de ahí, la historia le cambió. Pero….