martes, 23 de noviembre de 2010

Urgen cambios en la policía

Al margen del curso que están tomando los acontecimientos tras el fatídico accidente del sábado por la mañana, en que un taxista perdió la vida tras ser chocado salvajemente por un vehículo conducido por un elemento policiaco en estado ebrio, es importante señalar que, hechos como éstos, deben obligar a un profundo análisis sobre el estado que guarda actualmente la corporación en cuanto a la formación de sus elementos.
Antes de entrar al tema sugerido quiero hacer un par de reflexiones: la primera se refiere al desastre familiar que provocó el policía con su comportamiento. Quiero pensar que las leyes van a aplicarse del modo correcto, y que José Bolaños Ruiz va a pagar las consecuencias de lo que hizo. Pero independientemente de eso, es injusto que el prestigio de una conocida familia guaymense se vea lesionado por el actuar de uno de sus miembros. En lo particular, reitero mi respeto para quienes han sido policías esmerados en el cumplimiento de su deber, Toño, José y Manuel, éste último ya fallecido.
Por otra parte, creo que la sociedad guaymense debe entender que hay momentos en que debe respetar el dolor de quienes sufren la pérdida de un ser querido. En estos momentos, la esposa, hijos y demás familia de Joel Sotelo Cázares están padeciendo el dolor que les dejó la partida tan lamentable de su ser querido. Nadie tiene derecho, ni ahora ni nunca, de aumentarles su pesar con opiniones y sugerencias fuera de orden. Hay que dar tiempo a que esto pase para que ellos decidan lo que van a hacer.
Retomando el tema, sobre el estado de la policía guaymense, hay cosas en las que se tiene que meditar para asumir medidas correctivas que permitan mejorar la prestación de la seguridad pública. Viejos vicios que prevalecen al interior de la corporación no van a permitir nunca que las cosas mejoren si no se desaparecen. Y uno de estos es la complacencia con la que se tratan entre unos y otros de los miembros de dicho gremio.
Me llegó la información, si usted quiere no confirmada oficialmente, pero si preocupante, en el sentido de que previo a los momentos del atroz accidente, elementos del Departamento de Tránsito habrían detenido a su compañero policía, y que en un acto de complacencia que finalmente derivó en la tragedia, le permitieron retirarse, tan sólo con la promesa de que se dirigiría a su casa. El camino que tomó fue el de la fatalidad.
Es decir, no sé si legalmente esto pueda estipularse como un incumplimiento de un deber legal, pero si ocurrió así, me queda claro que quienes permitieron que Bolaños Ruiz continuara manejando su vehículo pueden ubicarse, en parte, como co-responsables del drama. Si bien es sólo una persona la que tendrá que pagar ante la Ley, creo que el actuar de quienes le permitieron seguir en su conducción punible debiera terminar en una sanción, no exenta de una fuerte reprimenda.
O se es, o no se es policía. Y cuando se es, debe quedar muy claro que se va a hacer cumplir la ley como y contra quien sea… así se trate de compañeros de labores. No se puede dejar a medias un compromiso con la sociedad, como pudo haber ocurrido en este caso, y así se trate de gente a la que se le tiene mucho aprecio, respeto o simple compañerismo, el ser guardián del orden público implica cumplir al cien por ciento con lo que esto significa. A Bolaños Ruiz debieron haberlo bajado del carro, depositar éste en los patios de la jefatura, y quizá, de manera muy complaciente, llevarlo a dormir a su casa. El percance pudo entonces haberse evitado.
M pregunto, ¿con qué cara trabajarán ahora quienes permitieron esto cuando se instalen en un retén para frenar los ímpetus derivados del consumo de alcohol de quienes no son policías? ¿A ellos sí los van a obligar a entregar las llaves de sus carros, y en el peor de los casos, llevarlos a una celda? ¿Por qué no lo hicieron con su compañero de trabajo?
En lo particular, me consta que Librado Navarro Jiménez ha tratado de cambiar las cosas al interior de la corporación. El criterio y la capacidad que el Director de Seguridad Pública tiene son incuestionables. Lo conozco desde hace tiempo suficiente para asegurarlo. Sin embargo, para poder erradicar esos que pudieran parecer pequeños detalles pero que pueden marcar una diferencia, habrá que aplicar otro tipo de medidas correctivas, cargadas de rigidez, de una dura disciplina. De otra forma, las cosas no van a cambiar.
El no haber hecho las cosas como se debía, ha provocado que hoy un taxista ya no llegue diariamente a su hogar, y que un policía a quien le quisieron hacer un favor, esté en el Cereso.
¡Y todo por hacerle un “paro”!

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