miércoles, 13 de agosto de 2014

Empieza la función…

Las campañas de proselitismo del 2015 --que en algunos casos literalmente están en marcha, con todo y la ilegalidad que esto representa-- van a enfrentar un grave problema para los candidatos que vayan a pedir el voto: la gente hoy en día tiene la peor imagen de los políticos.
Ya no hay gente confiable en ningún partido político. Los priístas tienen la historia más negra en cuestión de corrupción y demás excesos, los perredistas destrozan a su propia organización con el evidente maridaje con el gobierno en turno, y los panistas destruyen su presumida moral poniéndose a bailar con “teiboleras” con dinero del erario.
De las demás rémoras no hay nada que decir. PT, Convergencia y el recién creado Morena, sólo son negocios particulares de sus dueños absolutos, que han encontrado en esto la mejor forma de vivir permanentemente a expensas del dinero público. En conjunto, todos son una bola de bandidos. (Nótese el gran descubrimiento que acabo de hacer)
Eso es precisamente lo que tenemos que entender todos si es que queremos seguir en ese jueguito barato llamado pomposamente democracia. El día que comprendamos que nuestra participación en los procesos electorales es para legalizar el robo descarado al patrimonio público, quizá sólo hasta entonces funcione el reiterado llamado al retiro de las urnas.
Mientras tanto, la minoría seguirá teniendo el control absoluto en la designación de “gobernantes” que se enriquecen ilícitamente ante la mirada de todos, pero sin castigo de nadie. Y al decir minoría, me refiero a que en México es común que hasta un miserable diez por ciento de votantes sea quien haga ganar a un candidato. En medio de tantos postulados y los graves índices de abstencionismo, unos cuantos se encargan de hundirnos a los más.
La política es negocio muy redituable, y eso no es secreto para nadie. Tratar de impresionar con discursos candentes y mentirosos ya no funciona. Cada vez son menos los que acuden a las urnas. Regularmente, son los candidatos que votan por ellos mismos, sus parientes, sus amigos más cercanos y aquellos que tienen una promesa de empleo, juntos con sus familiares. Y eventualmente aquellos que se dejan convencer por una miserable despensa y un billete de cien pesos.

Luego entonces, para lo que hay que ir preparándonos es para disfrutar de nuevo del circo electoral, cuyos actores principales, payasos y animales, presentarán la función acostumbrada, con los mismos discursos, y lo que es peor, en algunos casos, hasta con los mismos nombres de hace tres años. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario